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Mostrando las entradas etiquetadas como destiempo

Después del Cosmos

Frío.  No del que sentía cuando era humano, en su casa de Santa Isabel, sino uno mucho mas profundo.  El frío del espacio.  El del espacio que hay entre las galaxias.  El frío del vacío.  El de millones de años luz sin una sola molécula de materia.  El del metal surcando la nada, el vacío infinito, a la temperatura del cero absoluto.  Ese era el frío que estaba sintiendo Anand cuando despertó.

Presente perfecto

21 de marzo de 2024 La cabaña era pequeña , pero no así el frondoso bosque que la rodeaba, que se extendía hasta la cordillera nevada.  Además, Shen apenas subía al exterior; pasaba la mayor parte de los días y las noches en el sótano, bajo las raíces de los árboles que a veces se asomaban por las paredes de cemento, investigando.  Solo salía cuando se lo pedía Estrella.

Los Mundos Infinitos

— Saludos, Ísquime.  Se requiere tu presencia de inmediato. El grupo liderado por Ísquime se encontraba en una posición de ventaja.  Habían resuelto cuatro de las siete propuestas sin ningún error, y eso les daba tiempo y ciclos suficientes para terminar el experimento sin prisas.  Y justo ahora, cuando más compenetrados se sentían y mejor fluían las ideas, llegaba ese mensaje.  Y además, ¿quién lo enviaba? — Saludos, mensajero.  ¿Quién me reclama? — El remitente es privado, solo tú puedes saberlo.  Pido disculpas a los demás. — Disculpas aceptadas —dijo el resto del grupo con una sola voz—.  ¿No pueden esperar? Estamos a punto de resolver un problema complejo. — No importa —dijo Ísquime—, seguro que podéis seguir sin mí.  Ya habíamos avanzado bastante. Eso era cierto.  Los flujos cuánticos trazaban una parábola perfecta y alrededor del conjunto de bosones la gravedad se había invertido.  Podían analizar los r...

Efecto Walter.

—Buenos días Walter.  Bienvenido a la vida. Walter abrió los ojos bajo un techo de color rojo caldero.  Un color agradable, pensó, aunque en ese momento fue más una sensación que un pensamiento elaborado: Walter no era capaz de recordar ninguna palabra.  Permaneció así un buen rato, pero no supo cuánto, pues también carecía de la habilidad para captar el paso del tiempo.  En cualquier caso, no sentía malestar, dolor, mareo ni ninguna otra sensación desagradable.  Estaba bien, y por algún motivo eso le aliviaba.  Creía haber estado peor. Pero solo fue al principio.  Poco a poco, Walter fue recobrando sus capacidades, el techo comenzó a tener algo más de definición, con más contrastes, más bordes y unas luces que brotaban de las esquinas, y también su conciencia de sí mismo fue definiéndose. —Buenos días, Walter.  Bienvenido a la vida —escuchó otra vez—.

Una ventana en el suelo.

2 de febrero de 2024 Hoy es dos de febrero de 2024, el vigésimo segundo cumpleaños de John Valverde, y sigue siendo virgen. No le han faltado oportunidades, ni candidatas, para llevar una vida sexual normal, pero John, como bien sabes, no es precisamente normal.  John es capaz de percibir con total nitidez el corazón de los seres humanos que tiene cerca.  No es que escuche los pensamientos, como quien oye una emisora de radio o un discurso elaborado: lee directamente en los corazones. Recibe, en un nítido eco que traspasa los tejidos, a golpes de miedo, esperanza, tristeza, rencor o bondad, todas las sensaciones de los que están a su alrededor.

El fuego del cielo

Murra descendió las rocas mucho antes de que el sol asomara por la cordillera.  No miró, como otras veces, las estrellas apabullantes, el enigma de luces y misterio que atormentaba cada noche.  Esa alborada, Murra estaba inquieto, y tras pasar muchas horas dando vueltas tumbado en la covacha, había decidido caminar hasta el lago.  A pesar del frío, entraría en el agua.  Nunca lo había hecho de noche: el reflejo de las constelaciones en la superficie le hacía temer que su cuerpo, al sumergirse, se disolviera entre las luces misteriosas. Murra sospechaba que alguien le observaba desde algún punto del cielo nocturno. Desde hacía días notaba esa vigilancia con más intensidad, y procuraba no salir durante la noche; pero el cielo brillante de luces también se asomaba por el horizonte desde la entrada a la guarida, y aquella mirada invisible que sentía llegar desde las estrellas penetraba por su agujero, hallándolo siempre.  Y él, que debía proteger a Mosela y a...